Dice Dario Amodei que las medidas que podrían dar mayor seguridad a la inteligencia artificial “no serán fáciles” pero que “cree que le debemos a la humanidad intentarlo”. Y Sam Altman, que le parecería bien “tener reglas comunes para gestionar el riesgo de la IA de frontera”. Piden un alto el fuego global para salvar al mundo de sus propios productos pero esta retórica esconde una trampa. Mientras sigamos viviendo en democracia y no sometidos a la monarquía de uno de los dos CEO, esa decisión no es suya. Para eso tenemos leyes de protección del consumidor, de competencia y de responsabilidad por productos defectuosos y ciberseguridad. Tenemos leyes diseñadas para impedir que las empresas comercialicen productos peligrosos, perjudicando a los consumidores y la seguridad de todos. De momento, la ley se aplica por igual a todas las empresas, incluso las grandes tecnológicas y los laboratorios de IA.
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